Salón de Arte Marítimo

El Salón de Arte Marítimo del Observatorio de Actividades Marítimas y Portuarias, es un espacio a través del cual se busca promover la apreciación, interacción y  apropiación del escenario marítimo desde distintas expresiones artísticas. Para el Observatorio el arte es un elemento sensibilizador, por eso, con esta visión, se pretende focalizar y dinamizar la mirada alrededor de la temática marítima y portuaria.

EXPOSICIÓN 

“Conociendo la geografía marítima a través de la fotografía”
Conoce a los autores aquí

“Mares Históricos”, de Antonio Alcalá

La fotografía para mí es un modo de vida, una sensación más de mi espíritu y es por eso que el mar no puede quedar por fuera del conglomerado de imágenes que guardo con celo en una interminable colección donde priman los elementos de la naturaleza. 

Nací en Cartagena y su mar es uno de los símbolos más sublimes que haya podido experimentar a lo largo de toda mi experiencia como fotógrafo. 

La colección que amablemente entrego al Salón de Arte Marítimo se basa en este hermoso y enigmático cuerpo de agua, la belleza indescriptible de su color cambiante y el movimiento constante de sus aguas, que a pesar del riesgo permanente en la que lo coloca el ser humano, se resiste a perder una hermosura eterna. 

En esta muestra no pretendo mostrar con exactitud lo bello que es nuestro Mar Caribe, solo deseo enviar el mensaje claro de cuidado constante para apostarle a un ecosistema sano. A lo largo de la historia el hombre ha vivido y subsistido de su mar, razón suficiente para el cuidado permanente del mismo.

 Mientras los seres humanos nos dediquemos sin piedad a arrojar desechos a nuestros mares no vamos a poder gozar del poco aire que nos queda. En este sentido y a través de mi obra, invito a todos a hacerle la venia a nuestro inmenso mar de colores para que de esta manera la fotografía siga siendo tan eterna como la belleza misma del mar. 

“Ahí”, de Álvaro Delgado

Es una colección de cuatro fotografías que se formó gracias a la amable invitación del Observatorio de Actividades Marítimas y Portuarias y la cual se divide en dos partes.  Una parte muy paisajística y otra parte más etnográfica, la cual involucra a los seres humanos y su interrelación con el mar y la playa.

“El mar es ciudadano”, de Carlos Díaz 

Está abierto las 24 horas del día, los 365 días del año, todos los años. Nunca está cerrado. No tiene hora de entrada ni hora de salida. No tiene entrada ni salida. No tiene cercas, mallas, muros, puertas que impidan llegar a él. Ni celadores, policías o vigilantes que impidan estar cerca o sobre sus aguas. Lo que no quita que haya que celar, cuidar y vigilar que no lleguen desechos, evitar en la costa y en su fondo materiales que acaban con la vida marina, limpiar las playas y las aguas. 

Al mar pueden entrar y salir niños, jóvenes, personas adultas, personas adultas mayores, mujeres y hombres. Con sus mascotas y sin ellas. Pueden gozar del mar, estando templado o no, caliente o frío, personas asexuadas, bisexuales, heterosexuales, homosexuales, intersexuales, metrosexuales, transexuales, transgéneros, travestis, etc. 

Sus aguas azules reciben a personas de color, de todos los colores e incluso las que no tienen color: amarillas, azules, blancas, morenas, negras, pálidas, pardas, personas de color, rojas, verdes y hasta tigrillas, como un amiguito un día se atrevió a inventar. Dentro y fuera del mar pueden estar personas de adentro y de afuera, propios y extraños, autóctonos y turistas, locales y visitantes, personas conocidas, extrañas, raras y extranjeras. Siempre hay cupo para alguien más. 

Pueden utilizar el mar personas llevadas, mondadas, millonarias, multimillonarias, peladas, pobres, ricas, etc. Pueden elegirlo simpatizantes de todos los partidos y hasta los independientes. Pueden votar por su elección quien quiera, con una recomendación, la de no botar en su lecho y a su alrededor cosa alguna. 

Pueden sanarse con su agua personas enfermas y casi nunca enfermarse personas sanas. A diferencia de las piscinas, en el mar se puede estar con cualquier tipo de ropa y hasta sin ropa. Nadie nos va a sacar por no llevar ropa especial o llevar puesto el vestido inicial y original de Eva y de Adán, mientras se quite uno lo que lleva puesto por debajo del agua y se lo muestre solo a las amistades más cercanas por encima. 

Los frutos del mar están al alcance de quien los desee coger y comer. No hay fruta prohibida flotando en el mar, ni mar del bien y del mal enterrado en la arena o sembrado en el paraíso. Con barco, bote, canoa, malla, red, trasmallo o caña se puede pescar y pecar, y luego rezar y empatar si hubiera tal fruta, tal árbol y tal mal. 

Dentro y fuera del mar muchas cosas buenas y malas se pueden tramar: bañar, beber, bucear, caminar, comer, contemplar, descansar, dormir, fumar, flojear, hablar, hacer el amor, hacer una fogata, jugar, nadar, pasear, pescar, practicar, soñar, trabajar, trotar, ver la puesta del sol, etc. Al igual que la muerte, la mar también es democrática. Toda la gente acaba siendo calavera y cualquiera puede vivir y morir en el mar. Cada quien es libre de usarlo a la hora del llamado. 

El mar y todo lo que se hace en él y alrededor de él es gratis, nadie te cobra por utilizarlo, no tiene precio, no tiene valor económico, quizás por eso mucha gente no valora tanto el mar. El mar lleva y trae, devuelve lo que no es suyo.

 La ciudad de Cartagena debería ser como el mar que la rodea y quienes vivimos en ella ser ciudadanos del mar.

“Historias que navegan”, de Alexandre Magre

Recorrer las aguas con el lente nos permite apreciar el mundo infinito del agua y atrapar millones de instantes en imagen. Deseo, con esta pequeña muestra, lograr una aproximación del hombre a los cuerpos de agua, porque al conocerlos les hará valorarlos y cuidarlos.

“Dedicado al mar”, de Milena Marrugo y Gabriel Navas

Al lugar donde el tiempo se detiene, los segundos son eternos y los minutos muy cortos, los sueños comienzan y la vida se convierte en sueño. El lugar donde el cielo y la tierra son uno solo, donde cada centímetro es un tesoro y los ángeles tienen aletas. El lugar donde quiero despertar, donde quiero permanecer y el último lugar que quiero ver.

“Una mirada hacía la bahía desde la ciudad”, de Jorge Sandoval

Estas imágenes muestran, desde varios ángulos, la bahía de Cartagena, en donde se aprecian detalles del asentamiento urbano sobre ella y en su borde, y las acciones que se deberían emprender para ayudarla. ¿Estaremos actuando bien? Las soluciones están en manos de las autoridades pertinentes, pero a través de la imagen dejamos constancia de esas acciones.

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4 comentarios en «Salón de Arte Marítimo»

  • Nubia Mireya Parra dice:

    Simplemente me encantó!
    Arte, poesía, ciencia, academia, todo encaminado a que volvamos con mayor conciencia a nuestros mares!
    Porque no solo es crear conciencia para nuestro mar Caribe; ¿Cuánto estamos perdiendo en nuestro Pacífico? Y es una de las zonas más ricas por su diversidad en Colombia; Colombia es bioceánica!!

  • Observatorio de Actividades Marítimas y Portuarias dice:

    Pregunta para Alexandre Magre, autor de la colección “Historias que navegan” : ¿Cuál es la sensación y emoción de su interpretación fotográfica desde las alturas? ¿Acaso es un viaje de asombro sobre la superficie acuática?

    • Observatorio de Actividades Marítimas y Portuarias dice:

      Respuesta de Alexandre Magre:

      “Las alturas siempre han sido para mí, motivo de regocijo, y cuanto más alto llego, más profundamente capto lo oculto, lo complejo o lo simple. La altura me proporciona libertad, sentir el viento, tocar las nubes o casi rozar el agua con las manos, es sentir la vida. El poder captar y plasmar esos momentos efímeros y convertirlos en eternos, a través de la fotografía, es justamente “un viaje de asombro sobre la superficie acuática” “

    • Las alturas siempre han sido para mí, motivo de regocijo, y cuanto más alto llego, más profundamente capto lo oculto, lo complejo o lo simple. La altura me proporciona libertad, sentir el viento, tocar las nubes o casi rozar el agua con las manos, es sentir la vida. El poder captar y plasmar esos momentos efímeros y convertirlos en eternos, a través de la fotografía, es justamente “un viaje de asombro sobre la superficie acuática”. A. Magre.

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